martes, 7 de julio de 2009

Morir de éxito


El otro día mientras hacíamos una entrevista para Cuatro sobre Michael Jackson, recordé una frase que llevo años utilizando: ‘Ése ha muerto de éxito’. La frase no se refiere al término literal y físico de fallecer, sino a la desgracia que puede suponer para algunas personas o empresas el éxito. Michael Jackson no me sirve de referente aunque me hizo recordar la frase. Él lo tuvo desde muy niño y está claro que eso fue lo que le llevó a tener esa vida tan desordenada con un final tan triste, pero para mí ‘Morir de éxito’ lo aplico a esas personas y cosas (entiéndase empresas, equipos, comercios, marcas…)  que en un momento de su vida alcanzan un enorme estatus y por ello empiezan a fallar.
En las empresas cuando algo funciona bien y pasa a convertirse en un boom, corre el peligro de ser un auténtico desastre. Puede que algo resulte a una escala, pero cuando se intenta triplicar dicha escala, comienzan los problemas. Esas tiendas que se quedan sin stock en navidades, los restaurantes que no pueden atender por falta de previsión… ¿Recordáis la campaña de la aerolínea Ryanair regalando billetes gratis a los que se manifestaran en el centro de Barcelona contra Iberia? Su previsión era ofrecer 100 billetes y encontraron más de 1.500 manifestantes convirtiéndose en la peor publicidad que ha tenido la compañía.
A lo largo de nuestra carrera musical hemos visto algunos ejemplos de personas que han muerto de éxito. Recuerdo a nuestro primer manager y nuestra primera compañía de discos que nos sirven de claro ejemplo de lo que estoy contando. El rotundo e inesperado éxito que obtuvimos, hicieron que ambos entraran inmediatamente en una vorágine de fichajes y gastos que no hicieron más que ahogar las cuentas financieras de lo que seguía siendo una pequeña compañía discográfica y una inexperta agencia de contratación. Y lo peor de todo, nuestra confianza y relación con ellos mermó. Coches caros, edificios de 5 plantas, personal no cualificado, comidas en restaurantes de lujo, grabaciones con grupos horribles en los mejores estudios del mundo, etc… son  sólo algunos ejemplos.
¿Qué ocurrió? Al final los G estábamos destinados a tener que editar todos los años por cojones un nuevo disco y hacer interminables giras para salvar los excesos y la falta de previsión de ‘estos’ nuevos yuppies sin previsión; personas que no sabían lo que se les estaba viniendo encima. Si hubieran planificado bien su ‘éxito’ ahora estarían disfrutando de un esplendido retiro a bordo de un yate en lugar de verse obligados a decir adiós a sus empresas.
Pero eso es el pasado, y aunque uno no termina de aprender y continuará equivocándose, sí es cierto que desde hace unos años  las cosas las hacemos cuándo y cómo queremos. Afortunadamente, el tiempo te da esa experiencia que todos necesitamos cuando empiezas una carrera. Muchas veces lamentas no tener una máquina del tiempo y revisitar el pasado. Pero… ¡Qué coño! ¡Que nos quiten lo bailao! ¡ A lo hecho pecho! Nosotros estamos en uno de los mejores momentos de nuestra carrera, disfrutando plenamente lo que hacemos y sobretodo más vivos que nunca.
Termino con una frase que dijo el gran cineasta Ingmar Bergam: “Cumplir años es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.